10/12/2010

Deseos metalizados

Cuentan las leyendas, que hace tiempo; páginas y páginas de calendarios; antes de que las naves llegasen; antes de que el sol estallase; algunas personas de la tierra compraban robots. Paula se sentía sola, gastó su dinero en uno.
Había trabajado años, pero jamás volvería a estar sola. Ella era bajita, animosa y fulgurante; él era recio, diligente y fiel. Siempre la acompañaba, y la ayudaba a tomar las más duras decisiones, su lógica era aplastante.
“No te preocupes, no puedes influir en el resultado”, o le contestaba: No te preocupes, influirás en el resultado.
Paula no entendía como algo así era una respuesta, esperaba algo más complejo, algo más humano.
Paula fue envejeciendo con él:
Él la cuidaba.
Él la protegía.
Él la amaba por las noches si lo pedía.
Un día, Paula, antes de morir, miró a su oxidado robot.
Observando sus ojos, dijo:
Paula: ¿Sabes?, aunque no seas humano, siempre has estado a mi lado. No te ha importado como fuera yo. O si te trataba mal. Me gustaría verme con tus propios ojos.
El robot, chirrió, y una sonrisa se fue arrugando en el metal, y dijo:
Robot: No te preocupes, solo me he dejado llevar.


Minicuento rescatado del verano de 2009, dedicado a una pedorra que pasaba por allí.

3 Comments:

Anonymous ari said...

2009......... ver............ pasaba yo por alli en esa época?

9:28 p. m., octubre 17, 2010  
Blogger Keve said...

La dedicatoria era a una chica llamada Paula.

1:43 p. m., octubre 18, 2010  
Anonymous Ari said...

Hola keve, gracias por la aclaración.
Espero que estes bien. Un abrazo.

9:24 p. m., octubre 21, 2010  

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